HORIZONTES DE REDES NOOSFERICAS

Nada de lo aquí escrito nos pertenece.Si hubiese alguna pertenencia,sería el lazo noetico con el cual se han atado tantas bellas flores de conocimiento que son ofrecidas a la humanidad como un ramillete de noologias...... TOD@ TEXTO/ILUSTRACION ES USAD@ CON FINES DE DIFUNDIR VISIONES SOBRE NUESTRO UNIVERSO Y SUS PENSADORES. SI ALGUIEN SE SIENTE AFECTAD@ POR ELLO, CON SUMA DILIGENCIA RETIRAMOS DE ESTE PORTAL SU APORTE SOBRE EL PARTICULAR EN RAZON DE SU SOLICITUD PERSONAL EN LA EXPLICITUD ESCRITA Y DIRECCIONADA DE SU AFECTACIÓN

sábado, 6 de junio de 2009

solsticios 2009


Mariposa en su Flor

 

 

      Todos los años, el 21 de junio en la economía y en la sociedad con el Solsticio de Verano ella, como la Realeza del Imperio, día más, día menos y en fecha standart, en ésta época de mitad del año se tiene la planeación y realización en el Mundo de un festejo en el modo de las creencias porque de parte del Universo con los Planetas y el mismo Mundo con su movimiento y posición del momento así en un promedio fijo de cada 3 meses nos llegan unas de éstas fechas designadas y conocidas entonces como el tiempo de los Solsticios y el de los Equinoccios. 
El Solsticio de Verano también tiene otros nombres distinguidos o no como las Fiestas de San Juan, la Fiesta de Litha y Alba Heruin, es considerado La Puerta del Año y la época de máxima luz en el Mundo lo que será su sociedad, la Realeza del Imperio, las Fiestas a San Juan  -El Bautista  es una de las más celebradas, en los Equinoccios los días y las noches son iguales así como en los tiempos de los Solsticios la duración de los días y las noches es distinto, Solsticio del latín solstitium, sol sistere, que significa el sol quieto.

 

 

El Solsticio de Verano en la Flor

 

    Una manera de visualizar el tiempo de los solsticios lo es el imaginarse que paseamos todos los días por la costa al atardecer en las playas frente a una ciudad, cuando el Sol se pone más al sur es el Solsticio de Invierno y al ponerse más hacia el norte es el Solsticio de Verano. El Solsticio de Verano es una fecha en que se hace su fiesta en torno a el culto al Sol y con ello su fundamento en la luz, la masculinidad, el calor, la fertilidad, un abrigo y lo grandioso, orientados en la realización siempre para un ritual de prosperidad. Hay 4 fechas correspondientes a éstas 2 clases de fenómenos terrestres, El Equinoccio de Primavera el 21 de marzo el que es algo así como La Naturaleza del Firmamento del Espacio Sideral, Solsticio de Verano 21 de junio entonces La Realeza del Imperio, Equinoccio de Otoño 21 de septiembre el que se dice La Celebración de la Cosecha y Solsticio de Invierno 21 de diciembre donde hacemos nuestra entera reflexión, La Espiritualidad en la Consciencia de la Persona.

El Solsticio De Verano En Nuestra Sociedad

    En la mitología griega al Solsticio de Verano era designado la Puerta de los Hombres y en el solsicio de invierno la Puerta de los Dioses.


 

21 de junio Año Nuevo Aymara

Primer rayo de sol en la Puerta del Sol 

El próximo sábado 21 de junio, junto con el solsticio de invierno, las poblaciones altiplánicas bolivinas festejan el año nuevo aymara. Este acontecimiento tiene como principal desarrollo en la población de Tiwanaku a casi 80 km de la ciudad de La Paz.
La fiesta se inicia la noche del 20 de junio con una feria, llena de comidas, bebidas y grupos autóctonos que acompañan toda la noche. El objetivo de la verbena es esperar el primer rayo de sol al amanecer, momento en el cual inicia el nuevo año. Esta fecha se consideraba importante dentro de esta cultura, debido a que el inicio del ciclo agrícola.

Templo de Kalisasaya

La ceremonia principal se realiza en el Templo de Kalisasaya, donde se encuentra la histórica Puerta del Sol. Estos monumentos fueron construidos por la cultura Tiwanakota hace más de 2.000 años, y según explican fuentes antropológicas se encuentran alineados con la salida del sol.  Una particularidad del acontecimiento es la salida del sol,  instante en el que la gente creyente de este culto recibe la energía del Dios Inti (Sol) por las palmas de las manos, las cuales exponen al astro.

La Cultura Tiwanakota

La cultura tiawanakota es considerada como una de las culturas más importantes de Latino América, debido a los alcances que lograron a través de su historia, y al alcance que tuvo su tecnología, la cual posteriormente fue utilizada en el resto del continente.

Los orígenes de esta cultura se remontan alrededor del año 15800 ane Hasta alrededor de los años 6300 ane esta cultura básicamente desarrolló complejos urbanos. Alrededor del año 10300 ane, empieza a conquistar a las culturas que se encuentran a sus alrededores obligándolos a adoptar ciertas características culturales. Igualmente en este periodo de la cultura tiawanakota podemos observar la delicadeza que es alcanzada en la alfarería, los avances más importantes en cuestiones de medicina y estructuras sociales. En el año 9000 ane, los Tiwanakotas siguen con la expansión de su cultura y construyen algunos de sus templos más importantes, Akapana, Pumapunku.

Durante la permanencia de esta cultura y su evolución a un imperio el desarrollo que ellos logran en áreas como, alfarería, arquitectura, medicina, astrología e hidráulica es notorio. Estos avances, luego del colapso de este imperio, han sido utilizados por culturas posteriores como los Incas.

 
Estuve  en vano buscando

cinco válidas razones

que fueran virtudes

y se mostraran  en el no hablar.


Pensé en ...  "callar por clemencia"

y el derecho absoluto

de cada quien a ser dueño

de su vida y su suerte

me lo hizo desestimar.


Pensé en  "callar por obediencia"

y la libertad de conciencia

abrió inmediata, otra brecha

irrefutable, por cierto  a quien quiera argumentar.


Pensé en  "callar en autodefensa"

y la indigna cobardía se asimiló prontamente

a lo que muy fatuamente  intentaba conjugar.


Pensé, luego, "callar por conveniencia"

y la deshonestidad, la perfidia

y la mezquina avaricia resultaron un mal trío

imposible de justificar.


Consideré al fin  "callar por lealtad"

y aunque por cierto fuera

la causa, el amor más puro,

él, me resultó insuficiente  para intimarme a callar.


Será que la verdad

pide a gritos  que se rompan los silencios

cuando hace falta hablar.


………….


Pero no mengüé  y seguí buscando

razones sanas

para que el silencio  se entronara

en destacado pedestal.


Quizás él valga  como refugio

cuando quiere un alma sigilosa

reencontrarse a solas  con su propia identidad.


Quizás, también   cobre valor el silencio

cuando la conciencia  afirma,

que es tiempo que a ella nos debemos entregar.


Quizás haya  más circunstancias

por lo que resulta sano  limitarse en el hablar:

es bueno si un homenaje  se hace sin disertar


pero sobre todo  quizás sea arte el silencio

cuando  con una mirada

se dice todo, sin declamar.

 



En el medio de la vida

con miedo a ser o a no ser

se nos plantea la cuestión

de sacarnos de encima

de una vez

y para siempre el pudor

que se nos hace ya máscara,

esas falsedades sin razón

que nos tiran para atrás

y terminan ahogándonos.

 

La Leyenda del Díctamo Real

                  El díctamo es una yerbita muy fragante que nace en lo alto de
                  los páramos andinos. Entre los indios es planta sagrada, a la
                  cual atribuyen la rara virtud de prolongar la vida. Todos
                  hemos visto y olido los manojitos de díctamo que las
                  rozagantes parameñas venden en el mercado, pero es creencia
                  popular que ese no es el verdadero díctamo, el díctamo real
                  sino una planta semejante, puesto que la existencia de aquél
                  está envuelta en el misterio: sólo los venados dan con él en
                  la soledad de los páramos, a la hora en que el sol baña con
                  tinte de rosa los escarpados riscos.

                  He aquí la leyenda de díctamo:


                  Hubo un tiempo en que reinaba entre los indios de los Andes
                  una mujer por extremo hermosa, que ejercía un poder inmenso
                  sobre las tribus. Los mancebos más arrogantes y valerosos la
                  cargaban en un palanquín de oro por floridos campos y las
                  márgenes de los ríos al son de los instrumentos músicos. Las
                  doradas espigas de maíz y los lirios silvestres se inclinaban
                  ante ella; y volaban gozosas las avecillas para endulzar sus
                  oídos con la melodía de sus cantos. Tan prendados estaban los
                  indios de su reina, que miraban como una calamidad pública el
                  más leve quebrado de salud que la afligiese. No se
                  consideraban felices sino el bajo influjo de sus gracias y la
                  sabiduría de su gobierno; pero sucedió que un velo de su
                  tristeza empezó a cubrir el semblante de la hija del Sol, y
                  poco a poco fue apoderándose de ella una enfermedad
                  desconocida, que la consumía sin dolor. Las danzas y músicas
                  sólo le producían lágrimas. Sus salidas, cada vez más raras,
                  eran ya tristes y silenciosas como un cortejo fúnebre.
                  La comarca entera se conmovió profundamente. Por todas partes
                  se hacían demostraciones públicas para aplacar la cólera del
                  Ches1, entre ellas la extraña y patética danza de los
                  flagelantes, especies de penitencia pública que consistía en
                  una procesión de danzantes en la que cada indio tocaba con una
                  mano la tradicional maraca, y con la otra se azotaba las
                  espaldas, todo en medio de una algarabía diabólica, en que se
                  mezclaban el ingrato sonido de aquel instrumento músico, las
                  declamaciones de dolor y los gritos salvajes.

                  En la selva sagrada, en los adoratorios y en las riberas de
                  las lagunas andinas los piaches hacían de continuo ceremonias
                  singulares ante los ídolos deformes del culto indígena; pero
                  la reina continuaba enferma: Día por día se adelgazaban más
                  sus formas bajo la vistosa manta de algodón, y perdían sus
                  mejillas aquel color de nieve y rosa que les daba el aire puro
                  de los Andes.

                  Mistajá era grandiosa doncella, favorita de la reina. Penas y
                  alegrías, todo era común entre ellas, de suerte que la joven
                  india, en la enfermedad de su amiga y soberana, vivía con el
                  corazón traspasado de dolor, velando día y noche al lado de su
                  regía e infortunada compañera.
                  -Mistajá, amiga mía- le dijo un día la reina-, la muerte se
                  acerca y yo no quiero morir. ¿Sabes tú si los piaches han
                  agotado todo remedio.
                  -No, no es posible, le contestó la doncella, bañada en llanto.
                  -Dime la verdad.¿Sabes qué les ha contestado el Ches sobre mi
                  mal?
                  -Ciertamente, nada sé porque han guardado en esto silencio
                  profundo, a pesar de que le han consultado por medios
                  extraordinarios.
                  -Pues mira, Mistajá, mi única esperanza está aquí, dijo la
                  reina, mostrándole una joya de oro macizo en figura de águila.
                  Cuando mi padre, ya moribundo, la colóco sobre mi pecho, me
                  dijo estas palabras: <<Esta águila es mensajera de los favores
                  con que el Ches nos ha elevado sobre los demás indios. Si la
                  pierdes, arruinarás tu estirpe>>Yo, Mistajá, antes que el
                  poder, prefiero la vida, y por ello estoy dispuesta a
                  confiarte el águila de oro para que subas en secreto al Páramo
                  de los Sacrificios y la ofrendes al Ches.
                  Mistajá perdió el color y tembló de pies a cabeza. Era cosa
                  muy grave y extraordinaria lo que le ordenaba la reina, pues
                  solamente los piaches y los ancianos subían a aquella altura
                  desconocida para el pueblo, teatro de los horribles misterios.


                  -¿Tiemblas, Mistajá?...Yo iría en personas si tuviese fuerzas,
                  pero no puedo levantarme siquiera, y sólo en ti confío, pues
                  ni los piaches ni mis guerreros consentirían jamás en este
                  sacrificio, que puede privarme del lugar.
                  -Yo haré lo que me mandes, contestó la fiel amiga, llena de
                  espanto, pero resuelta a sacrificarse por su desgraciada
reina.
                  -En alta madrugada debes partir, para que al rayar el sol
                  estés en el círculo de piedras que debe existir en la cumbre
                  solitaria. Allí cavarás un hoyo en el centro, y después de
                  invocar al Ches con tres gritos agudos, que se oigan lejos,
                  enterraras el águila de oro y esparcirás por todo el círculo
                  un puñado de mis cabellos. ¡Ay, Mistajá!, yo te ruego que si
                  lo hagas y que observes con gran atención si en el cielo, en
                  el aire o en la tierra aparece alguna señal favorable.

Mistajá


                  Aquella noche mistajá no pudo conciliar el sueño. Cuando llegó
                  la hora de partir, la reina la armó con sus propias armas y le
                  entregó junto con su preciosa joya un hermoso gajo de su
                  abundante cabello. La doncella lo miraba todo en silencio, sin
                  poder articular ninguna palabra.

                  Dos horas de fatigosa marcha había desde la choza real hasta
                  lo alto del Páramo de los Sacrificios. Mistajá caminaba
                  aprisa, ora por el borde de algún barranco sombrío, ora
                  subiendo por ásperas cuestas, sin volver jamás la espalda,
                  dominada por el miedo y espantándose a cada momento con el
                  ruido de sus propios pasos. No tenía más rumbo que el vago
                  perfil que dibujaba el misterioso cerro sobre el cielo
                  estrellado.

                  Cuando hubo llegado a la altura, una aparición bastante
                  extraña la hizo detener de súbito. Quedó enclavada, lela de
                  espanto a la vista de unos fantasmas que blanqueaban entre las
                  sombras. Instintivamente se dejó caer en tierra, sin atreverse
                  siquiera a respirar: una larga fila de indios cubiertos de
                  pies a cabezas con mantas blancas, le cortaba el paso. Estaban
                  rígidos, como petrificados por el frío glacial de los páramos.
                  Largo rato permaneció Mistajá sobrecogida de terror, hasta que
                  empezaron a asomar las claras del día por el remoto confín.
                  Entonces sus ojos fueron penetrando más en las tinieblas, y la
                  enorme de piedras blancas clavadas de punta sobre la
                  altiplanicie que remataba el cerro sagrado. Recordó al
                  instante el círculo de que le había hablado la reina, y
                  continuó su marcha hasta descubrir una entrada por la parte                del Oriente.

                  Era aquel un campo cerrado, una plaza circular de bastante
                  extensión y simétricamente delineada. Mistajá busca el centro,
                  y con el dardo más fuerte que hallo a su aljaba, se puso a
                  excavar la tierra húmeda por el rocío. Luego se irguió vuelta
                  hacia el oriente, y lanzó con toda el alma tres gritos
                  inmensos, que resonaron por los cerros vecinos. Con mano
                  trémula enterró el águila de oro y esparció después por todo
                  el círculo los cabellos de la reina, en momentos en que la
                  aurora teñía de púrpura el lejano horizonte.

                  Como le estaba ordenado, quiso fijarse en el cielo, en el aire
                  y en la tierra, pero un sueño profundo tumbó sus párpados, y
                  se dejó caer rendida, como presa de un poderoso narcótico. Era
                  el instante supremo de manifestarse el Ches sobre la empinada
                  cumbre.

 "Chía y Chés, la luna y el sol, en un instante mágico se unen en una danza de amor…

llena de esperanza,
Mostrando en su encuentro que la esperanza
es como los sueños nos mantienen vivos".


                  El paso de una cierva la despertó sobresaltada, a la hora en
                  que los primeros rayos del sol jugueteaban con el bello
                  plumaje de su coroza. Un olor fragante se difundía bajo sus
                  pies: todo el círculo, antes yermo y triste, apareció a sus
                  ojos cubierto de una yerba fresca y losada, que la cierva
                  devoraba con especial delicia. Todo el espanto y sufrimiento
                  de que había sido víctima se tomaron como por encanto en un
                  gozo inmenso, en una alegría inefable.

                  Tomó algunos manojos de aquella prodigiosa yerba, descendió
                  rápidamente del Páramo de los Sacrificios para presentarse a
                  la soberana de los Andes. Que recibió la aromática planta como
                  una medicina del cielo: y volvió el color a sus mejillas, el
                  brillo a sus ojos y la alegría a su corazón; y la vieron de
                  nuevo todos sus súbditos salir por los floridos campos y las
                  riberas del espumoso Chama, en hombros de gallardos donceles y
                  al son de los instrumentos músicos.

                  Desde entonces existe en los páramos de los Andes el oloroso
                  díctamo, nacido de los cabellos de la hija del Sol, o la yerba
                  de cierva, que en su nombre indígena, en memoria de la cierva
                  que primero comió de ella, a la hora en que el sol bañaba con
                  tinte de rosa los escarpados riscos; pero el preciosos díctamo
                  desaparecerá como por encanto el día en que alguien
                  desentierre el águila de oro ofrendada al Ches en la
                  misteriosa cumbre.


                  1Ches era el nombre con que designaban al Ser Supremo los
                  aborígenes de los Andes Venezolanos.

                  Por: Tulio Febres Cordero

El anticipar acontecimientos significaría un desplazamiento dentro de la cuarta dimensión, lo que va en oposición con las teorías de Einstein, pero descubrimientos recientes en Física Cuántica sobre los quark han puesto en tela de juicio el Sancta Sanctorum de las Matemáticas. Aunque para Einstein las ecuaciones tenían un valor espacio-tiempo y determinados parámetros eran inamovibles, ya no. Hay un factor de casualidad conocido en Matemáticas como Teoría del Caos.

 



--
virgilio